Xavi Demelo

"Nací el 25 de junio de 1960, entre las piernas de mi madre, que no pudo parir en casa, ya que la comadrona se encontraba muy ocupada preparando la comida a su marido. Fui un niño risueño, alegre, travieso, que jugaba siempre en la calle, lector empedernido, que escribía y dirigía teatro en el patio de la escuela desde los ocho años, infausta fecha en la que fui inscrito contra mi voluntad en un colegio del Opus Dei al que asistí durante los siete años siguientes, circunstancia traumática que no lograron sanar del todo los trece años de terapia que hice más tarde.

Pero había luz al final del túnel: En 1975 fui expulsado del colegio de marras y di con mis huesos en una escuela laica, libre y mixta, con lo que la pubertad, las espinillas y los misterios del alma femenina se ofrecieron de golpe ante mí, que los miraba con los ojos abiertos como platos. La pubertad y las espinillas se fueron con el cambio de década, pero los misterios del alma femenina han seguido intrigándome hasta ahora, con todos los efectos secundarios que el lector o lectora pueda imaginarse. También quedó en mí un estado de juventud eterna y perpetua huida hacia adelante que me llevó a tener una carrera profesional y personal tan errante, errática y errónea a veces como mi vida amorosa, que ya es decir.

Fui, entre otras cosas, panadero, camarero, chupatintas, vendedor, inspector de seguros, politoxicómano de fin de semana, guarda-agujas durante el servicio militar, propietario de un negocio de planchado de ropa de confección, director de ventas de una comercial de quesos y chocolates de importación, relaciones públicas de diferentes discotecas, incluso llegué a tener, junto con dos socios, una agencia matrimonial y de contactos de toda índole con franquiciados en toda España y parte del extranjero.

A los treinta seis años, después de haberme arruinado por enésima vez y con una vida sentimental, social, emocional y espiritual igual a aquel cactus del jardín que jamás se riega, decidí, yo solito, que lo mejor sería acabar una vez por todas con este valle de lágrimas. Pero, cosas de la muerte, cuando sólo me faltaba decidir el cuando y el cómo, caí en las garras de una terapeuta pre-jubilada muy severa y competente y, en lugar de suicidarme, decidí sanarme. Cinco años después tuve a mi primer hijo y logré reunir la suficiente autoestima para dedicarme profesionalmente al teatro y a los escenarios, mi otra gran pasión, aparte de la escritura.

Diez años después, habiéndome dado la vuelta cual calcetín y reinventado en repetidas ocasiones, y considerándome una persona moderadamente feliz y conectada con la vida, volvió a mí el prurito de escribir y, desde mis conocimientos como terapeuta esencial y paciente profundo, decidí dar luz a este engendro: El camino del perdedor, con el que pretendo dar herramientas a las personas que, como yo en la primera etapa de mi vida, escogen, en esta sociedad de la abundancia y del bienestar, transitar por la otra senda, la del perdedor. Herramientas para que fracasen del todo, con conocimiento de causa y libertad de elegir. Y, en el caso de que haya algo bajo ese humor ácido que destila el libro que les remueva la conciencia y les haga querer arremangarse y hacer algo para cambiar su vida a mejor, por favor, pónganse en contacto conmigo. Aquí estoy para ayudarles, previo pago de una minuta razonable, claro está."

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